Al fervor de la lucha piquetera del año 2001, momento crucial para la Argentina nueva, los encuentros en plazas céntricas, los acampes, ollas y asambleas populares, sugerían intercambios culturales, sociales y políticos.

Cocinar en casa, cocinar en la plaza; del ámbito doméstico al espacio público. En la calle crecimos, junto a compañeras de Barrios de Pie, para politizar las desigualdades, para organizar la esperanza.

Realizar lectura social desde la perspectiva de género, no fue un mensaje explícito, fue el camino. Pues en las colectividades se bifurcaban historias de cuerpos feminizados donde reposaban no solo la pobreza, sino también la violencia doméstica, los abusos.

Surgieron los acompañamientos y la idea también de organizarnos para aportar al cambio social y político. Es decir, nuestro feminismo se inscribe en una práctica territorial concreta: La formación interna, la promoción de derechos mediante talleres en comedores populares, en las facultades, elaboración de informes, construcción de propuestas, movilizaciones.

Ese trabajo incesante de búsqueda de presentes y futuros libres de violencias de genero nos llevó a encontrarnos con las Feministas Latinoamericanas de 11 países y de 23 organizaciones, y conformar la Red Latinoamericana Contra la Violencia de Género. Compartimos con ellas acciones de resistencia a los ataques de los fundamentalismos religiosos y políticos que buscan debilitar nuestras democracias, tenemos luchas comunes por la soberanía y cuidado de nuestras cuerpas y nuestros territorios.

Integramos la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, y luchamos y trabajamos cotidianamente en la promoción de la Educación Sexual para decidir, en la adecuada provisión y uso de métodos anticonceptivos, y en el derecho a decidir abortar de forma legal, gratuita, segura y cuidada, o a maternar, y que eso no signifique una traba para nuestro desarrollo pleno.

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